La desnutrición en México

Miroslava Cabrera Pérez

Secretaría de Salud, Hospital Infantil de México Federico Gómez, Gastroenterología y Nutrición Pediátrica. Ciudad de México, México.

 

El estado de desnutrición anestesia el dolor, las emociones, los sentimientos, y funciona, en un primer momento, como una protección.”

Delphine De Vigan

 

 

La desnutrición es un problema de salud pública que todavía afecta a un grupo poblacional amplio, esta, especialmente la infantil, representa un impacto sustancial en el desarrollo del país ya que sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo merman en los ámbitos económicos, sociales y de salud de la población en general.

Datos gruesos

De acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se estima que en 2014 fallecieron a causa de la desnutrición en México 7,050 niños menores de un año y 2,015 de entre uno y menos de 5 años; en 2015 fueron 1,918 casos y el año pasado 1,409, lo que da un total de 12,392 niños menores de 59 meses que murieron entre 2014 y 2016 por desnutrición.1

Los resultados de la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI) señalan que 39.2 millones de los habitantes del país, 32.8 % del total de la población, tienen hasta 17 años de edad. En 6 de cada 10 hogares viven niños hasta de 10 años de edad y de esa población solo 66 % vive con seguridad alimentaria.

La cifra de los menores que viven con inseguridad alimentaria (34 %) está compuesta por 16.9 % de los hogares cuya situación de inseguridad es leve, 9.5 % es moderada y para 7.6 % es severa.2

El panorama de la desnutrición en México es relativamente joven ya que hasta 1986 se creó el Sistema Nacional de Encuestas de Salud, publicándose hasta 1988 la primera encuesta de nutrición con cobertura nacional. Esto permitió que se contara con información representativa y confiable sobre la alimentación y el estado nutricio de la población materno-infantil.3 En 1988 se evidenció una prevalencia elevada de tanto desnutrición aguda y desnutrición crónica, como diferencias significativas entre la población de zonas rurales y zonas urbanas, que manifiestan la existencia de dietas con deficiencias importantes de micronutrientes, mermando en la salud materna e infantil. Es de esta encuesta que se derivan los primeros programas de apoyo gubernamental como lo fueron Prospera, Oportunidades y actualmente Progresa. (Figura 1)

A lo largo de la monitorización realizada por medio de las encuestas de 1988, 1999, 2006 y 2012 se observa una disminución importante en la prevalencia de bajo peso y emaciación; las más importantes fueron las que presentadas entre 1988 y 1999. Si bien según la última encuesta realizada, la emaciación está prácticamente erradicada, puede observarse que el fenómeno que más destaca es la presencia de talla baja y esto se traduce en un proceso crónico y con mayor prevalencia incluso en las entidades del sur del país. Estas altas prevalencias son muy trascendentes dados los efectos en la morbilidad, mortalidad y desarrollo psicomotor del niño y en el desempeño intelectual y físico del escolar, el adolescente y el adulto, todo esto implica desventajas de por vida en el desarrollo de capacidades. La persistencia de altos porcentajes de talla baja debe hacer que nos cuestionemos si es por la efectividad de los programas de apoyo gubernamental a largo plazo o por el cambio en los patrones de alimentación a nivel mundial que perpetúan esta condición, tornando el problema de la desnutrición hacia la malnutrición por exceso de alimentos ultra procesados incluso con el mismo ingreso económico familiar.

¿Dónde estamos ubicados?

Las estimaciones de desnutrición crónica infantil en América Latina y el Caribe han presentado una reducción desde 1990, cuando afectaba a 24.5 % de la población infantil. En 2015, esta cifra se situó en 11.3 %, es decir, actualmente 6.1 millones de niños todavía padecen desnutrición crónica.4 (Figuras 3 y 4)

El avance más importante de México, presentado en este reporte, es la reducción en la prevalencia de desnutrición crónica infantil, que pasó de 40.4 % en 1989 a 13.6 % en el periodo 2011-2012, es decir, hubo una reducción de 27 puntos porcentuales.4

Si bien la disponibilidad de alimentos en América Latina y el Caribe es suficiente para cubrir las necesidades energéticas de toda su población, existen tendencias preocupantes, por ejemplo, la disponibilidad de azúcar es mayor que la observada en regiones desarrolladas y la disponibilidad de grasas per capita es mayor a los rangos recomendados en una dieta saludable; mientras que la disponibilidad de pescado por persona es la más baja de todas las regiones del mundo.4

Actualmente tanto en México como en el resto de América Latina y el Caribe, se vive una coexistencia entre el hambre, la desnutrición, las deficiencias de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad, que podría parecer un tanto ilógica, sin embargo, esto puede ser explicado por las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria y nutricional: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad. El desequilibrio entre estas dimensiones ha conducido a la falta de acceso a una alimentación saludable con la cantidad de nutrientes necesarios, volviendo poco frecuente la preparación de alimentos tradicionales con ingredientes frescos y más aceptada una rutina de consumo de alimentos procesados con alto contenido de azúcares, conservadores, como el sodio, y grasas. Estos factores prolongan el estado de malnutrición en cualquiera de sus formas condenando a las nuevas generaciones, que siguen estos patrones de alimentación, a una menor calidad de vida y reducción de la esperanza de vida.

 

¿Que se ha hecho al respecto?

De acuerdo con el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2016 emitido por la FAO, en 2015, culminó un exitoso periodo de reducción del hambre y la malnutrición, al alcanzar la meta 1C de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y disminuir a la mitad la prevalencia de subalimentación (porcentaje de personas que no alcanzan a cubrir los requerimientos energéticos mínimos diarios para llevar una vida saludable).5-7

Ese mismo año, la comunidad internacional ratificó la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que tiene como una de sus metas la erradicación definitiva del hambre y la malnutrición en todas sus formas antes del año 2030. Además, en el año 2016 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el Decenio de Acción sobre la Nutrición 2016-2025, con el objeto de situar a la nutrición en el centro de la Agenda 2030 y promover la cooperación respecto a la seguridad alimentaria y nutricional en todo el mundo.6,7

Referencias

  1. Paraje G. Evolución de la desnutrición crónica infantil y su distribución socioeconómica en siete países de América Latina y el Caribe. Serie Políticas Sociales. 2008;140.
  2. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. [Internet]. México: Población, Hogares y Vivienda. [actualizado: 7 Nov 2017]; Disponible en: http://www3.inegi.org.mx/sistemas/temas/default.aspx?s=est&c=17484
  3. Instituto Nacional de Salud Pública. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012. Resultados nacionales (1ª ed). [PDF]. 2012; Disponle en:http://ensanut.insp.mx/informes/ENSANUT2012ResultadosNacionales.pdf
  4. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Panamericana de la Salud. América Latina y el Caribe. Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional. Sistemas Alimentarios Sostenibles Para Poner Fin Al Hambre y La Malnutrición. [PDF]. 2017; Disponible en: http://www.fao.org/3/a-i6747s.pdf
  5. Naciones Unidas. [Base de datos de internet]. 2013; [actualizado 2015]. [Acceso: 9 de Nov de 2016]. Disponible en: https://unstats.un.org/unsd/mdg/Home.aspx.
  6. Naciones Unidas. [Internet]. Objetivos de Desarrollo Sostenible. 2015; Disponible en: http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/
  7. [Base de datos de internet]. Global Health Observatory (GHO). 2016. [Acceso: 9 de Oct 2016]. Disponible en: http://www.who.int/gho/database/en/

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