Mortalidad materna en México

Samuel Karchmer-Krivitzky

Hospital Ángeles Lomas. Ciudad de México, México.

Correspondencia: skarchmerk@gmail.com

 

Introducción

Hasta el siglo XVII, la muerte materna durante el parto era una situación natural, casi esperada; un evento inherente a la esencia de la mujer, a su propia condición y función en la sociedad y en el matrimonio. Si una mujer no lograba superar el parto, era sustituida por otra que cumpliera con el propósito de la procreación.

El paulatino acceso de la mujer al poder, representado por el aumento de iconografía de mujeres reinantes, la mostró con otra valía.

En el siglo XVII, durante el reinado de Luis XIV, el Rey Sol, se recapituló sobre los partos y el papel de sus participantes: la mujer y las comadronas. Se decidió la incorporación formal del hombre al “arte del parto”, el cual dejó de ser de exclusividad femenina y en cuyo desarrollo solo había intervención “divina”.1 En el siglo XVII se constituyó la obstetricia como disciplina, con lo que se focalizó la importancia de la supervivencia de la mujer en el parto; este cambio disciplinar trajo como consecuencia la mejor comprensión de la necesidad de actuar.

El siglo XIX marcó el inicio de la aplicación de la cirugía en la atención del parto, la incorporación de un instrumental tocoquirúrgico múltiple y la exploración de opciones para mantener con vida tanto al hijo como a la madre.

En el siglo XX se incorporó la epidemiología y la estadística a la ginecoobstetricia, así como la busca de nuevas alternativas científicas que sustituyeran el arte del parto y el empleo de tecnología aplicada a la concepción y gestación, con lo que se dejó atrás la disyuntiva de “la vida de la madre o la del feto”. Es hasta la mitad de ese siglo, posterior a la Segunda Guerra Mundial, que se abordó la muerte materna formal e internacionalmente.2

Marco conceptual

El concepto mortalidad materna (MM) se ha transformado paralelamente a la visión social, económica y tecnológica del conocimiento. Actualmente se define como la muerte de la mujer durante el embarazo, el parto o dentro de los 42 días posteriores al mismo, ya sea por cualquier causa relacionada o agravada por el embarazo, parto o puerperio o su manejo (pero no por causas accidentales). En el mundo, la medida generalmente utilizada para identificar y evaluar la existencia y gravedad de las barreras para el acceso a los servicios de salud materna es la razón de mortalidad materna (RMM), que expresa el número de mujeres que mueren durante el embarazo, parto o puerperio por cada 100 000 nacidos vivos, definición que obliga a distinguir entre muerte materna directa e indirecta y tardía.3

La reducción de la mortalidad materna es una de las metas clave de los Objetivos de Desarrollo del Milenio proclamados por la Organización de las Naciones Unidas, exactamente del quinto en la lista. Para alcanzar dicha meta, los países necesitan tener un panorama exacto de los niveles y causas de la muerte materna. La mayoría de las naciones utiliza la Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas de salud conexos. En este artículo se considerará su décima revisión (CIE-10) como herramienta estándar para orientar la recolección de datos, la codificación, tabulación y comunicación de la información estadística de mortalidad obtenida del registro civil.4,5

 

  • Muerte obstétrica directa: es la resultante de complicaciones del embarazo, cualquiera que sea el momento (embarazo, parto o puerperio), de las intervenciones motivadas por el mismo, omisiones, tratamientos incorrectos o derivada de una cadena de eventos o resultado de cualquiera de los mencionados.4
  • Muerte obstétrica indirecta: es la resultante de una enfermedad o patología preexistente o que se desarrolló durante el embarazo, cuyo origen no tuvo relación directa con el embarazo, pero cuya evolución pudo ser agravada por los efectos fisiológicos del embarazo. Algunos ejemplos son la preeclampsia-eclampsia, la hemorragia y sus secuelas (como los trastornos de la coagulación), la anestesia y sus complicaciones, derivadas por una indicación obstétrica como la operación cesárea o el manejo inadecuado o deficiente de esos eventos.

La muerte obstétrica indirecta también puede deberse a cardiopatía, nefropatía o procesos neoplásicos que se agudizaron con el embarazo. En numerosas ocasiones, su diagnóstico no resulta sencillo por las múltiples causales que pueden intervenir, empezando por el adecuado registro.

  • Muerte materna tardía: el concepto alude a la muerte de una mujer por causas directas o indirectas después de los 42 días posteriores al parto, pero antes de un año de finalizado el embarazo.

Es concepto modifica sustancialmente la estadística de la MM, ya que cambia el periodo de 42 días para incluir a las mujeres con complicaciones y que tuvieron una mayor supervivencia debido a los recursos de sostén.4,5

Indicadores de la mortalidad materna

En el periodo de prueba de los estudios de mortalidad materna generados por los comités, pero en especial en los realizados en el ámbito hospitalario, las muertes maternas eran clasificadas como evitables, no evitables y con responsabilidad. Con el tiempo se apreció el riesgo de esa clasificación, ya que implicaba un impacto jurídico-legal que podía ser mal interpretado fuera del ámbito de un estudio o un análisis estrictamente médico-profesional. Por lo anterior y dado que el expediente clínico y sus derivados pueden constituirse en material procesal, la anterior clasificación de muerte materna dejó de emplearse por la responsabilidad, no siempre clara e ineludible, de los médicos e instituciones.6

 

La muerte evitable

Es la causada por omisión o defecto en el manejo del embarazo y la mujer, durante o antes de su arribo al ámbito hospitalario para el manejo final: transporte, acceso a los servicios de atención médica, ignorancia, desconfianza, tradiciones culturales, manejo previo inadecuado, condiciones institucionales y problemas de salud previos. Se cataloga a su vez como profesional, hospitalaria o de la paciente, de acuerdo con la responsabilidad del factor determinante que provocó la muerte, categorías que implican criterios de juicio y responsabilidad que trascienden el ámbito puramente profesional, mejor conocimiento de las circunstancias que rodearon el evento médico y de las relaciones socioeconómicas que vive una sociedad; tocan la esfera jurídico-legal con repercusión material (en especial económica y de responsabilidad profesional), lo que rebasa el contexto médico.

 

  • Profesional: establece criterios definitivos en la actuación y preparación profesional, formación, métodos empleados, tiempos y movimientos, presencia de complicaciones y manera de enfrentarlos, apoyo en otros integrantes del equipo de salud, etcétera. Refleja el nivel de complejidad para establecer dichos criterios, aun de manera tentativa.
  • Hospitalaria: se valora la condición institucional, sus recursos, administración, tiempo de respuesta, calidad y eficiencia de los servicios ofrecidos y los otorgados; la respuesta organizacional y la vigencia de la integración con las políticas nacionales de salud y las prioridades sanitarias. Muestra una visión más de la complejidad señalada, que dificulta establecer criterios de juicio y responsabilidad con las repercusiones pertinentes.
  • Paciente: el otro factor es el que corresponde a la propia paciente, su disposición, conocimiento, cuidado de su salud, atingencia para enfrentar el embarazo, que en una población de grandes desigualdades traduce núcleos de marginación y niveles de pobreza inaceptables, con grupos de población rural y urbana con grandes carencias y niveles educativos y económicos desfavorables. En numerosos casos hace coincidir factores desfavorables (que pueden ser imputados al origen, estado socioeconómico, educativo, de conocimiento y cultural, que no favorecen la integración de la mujer), con factores familiares y criterios sociales de desarrollo, así como con factores benéficos para la salud de la mujer, de su embarazo y la sociedad.5,6,7

 

Muerte inevitable

Define la evolución de la enfermedad, el embarazo y la complicación que no pueden ser modificados a pesar del manejo adecuado y oportuno de los recursos necesarios.8

Enfoque de la mortalidad materna

En la declaración conjunta OMS/FNUAP/UNICEF/Banco Mundial de 1999 se mencionó que “cada minuto de cada día en algún lugar del mundo, una mujer fallece a causa de complicaciones que surgen durante el embarazo y el parto. La mayor parte de estas muertes son evitables”.

La evolución del conocimiento, así como la aplicación de tecnología y métodos más avanzados en el ámbito médico permitió disminuir considerablemente las muertes maternas desde la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en los países desarrollados, donde las condiciones siguen siendo no favorables.

Los esfuerzos iniciales se realizaron dentro de las organizaciones médicas de especialistas en ginecoobstetricia, que volcaron su conocimiento en la transformación de la atención del parto, el embarazo, el recién nacido y su evolución.9

Desde 1920, en Estados Unidos se constituyeron grupos y después comités interesados en el bienestar de la madre, pero es hasta 1957 que se realizaron los primeros estudios en torno a las muertes maternas. Correspondió a un mexicano, Alfonso Álvarez Bravo, presidente de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, crear el Comité Internacional de Mortalidad Materna en 1966, cuyo primer reporte se publicó en 1967.2

Con dicho comité técnico, de gran impacto en el mundo y en nuestro país, se inició el surgimiento de los comités médicos, gubernamentales e institucionales para enfrentar la MM.

Sin embargo, el enfoque médico-biológico, adoptado primero por el ginecoobstetra y después por el resto de los integrantes del equipo de salud, no fue suficiente a pesar de renovar el papel de la comadrona mediante su capacitación, instrumentalización y supervisión. Fue necesario considerar factores que parecían no relacionados con la MM, para comenzar a comprender mejor y abordar integralmente este suceso.10

¿Por qué mueren las mujeres?

Pobreza

Se ha dicho que las MM acontecen en los sectores de la población con niveles de pobreza y pobreza extrema, consideración que disminuye artificialmente las cifras de muertes de las mujeres que apenas disponen con el mínimo de satisfactores, ya sea en el ámbito rural o urbano.11

 

Desnutrición o malnutrición

En los mismos sectores poblacionales se observa deficiente nutrición y sus consecuencias, además las complicaciones del embarazo se presentan con mayor frecuencia.12

 

Analfabetismo y educación insuficiente

Las mujeres, y en general la población en las condiciones señaladas, son más susceptibles a la MM y a las desventajas causadas por las enfermedades, debido a la ignorancia, falta de oportunidad y acceso a los servicios de salud o a las limitantes culturales que le impide aceptar la medicina científica.13

 

Cultura

Este factor implica una amalgama de circunstancias que van desde la incredibilidad sobre la menstruación, la gestación, el parto, el puerperio y el coito como fenómenos biológicos, así como como la reticencia a la desnudez, la desconfianza en el médico y la medicina científica, los mitos alrededor del sexo, la religiosidad y la anticoncepción, entre otros, que favorecen la vulnerabilidad de los grupos sociales a las complicaciones del embarazo, parto y puerperio.12

 

Desigualdad e inequidad

Paralelamente, el trato diferencial a la mujer en ciertos grupos étnicos y sociales y su papel restringido al hogar, la reproducción y al cuidado de los hijos, limitan su participación social, lo que conlleva inequidad en el trato y oportunidades, lo que refuerza el ambiente donde ocurre la MM.

La población indígena constituyen el sector más marginado, vulnerable y susceptible debido a su rezago económico, cultural y educativo y a la incapacidad de acercarles atención médica y otros recursos para mejorar su calidad de vida respetando al mismo tiempo su cultura.12

 

Urbanización y desarraigo del medio rural

El fenómeno de la migración del campo a la ciudad ha constituido una fuente para la pobreza, el desempleo, la desnutrición, aculturación, adicciones y conductas delictivas, que enmarcan las posibilidades de MM para las mujeres comprendidas en este proceso.

El crecimiento de las urbes, zonas marginadas y grupos desprotegidos constituye el reto de la transición demográfica, que en algunos lugares es acentuado por las migraciones en busca de empleo o mejores condiciones de vida.11,13

 

Desempleo

El desempleo, junto con los factores anteriores, confirma la falta de acceso formal a los servicios de salud del individuo y su familia, quienes engrosan la población susceptible a la MM.

 

Acceso a los servicios de salud

En México, el otorgamiento de los servicios de la salud está expresado como una obligación del Estado, sobre todo a quienes no cuentan con seguridad social por no tener empleo. Sin embargo, esta obligación ha sido derivada al Seguro Popular, que constituye un contrato limitado, con costo prepagado, de otorgamiento de dichos servicios a quienes no tienen acceso a los servicios habituales, con la condición de ser considerados para un pago de acuerdo con su situación socioeconómica.

Las mujeres mueren por la combinación de factores económicos, políticos, sociales, ideológicos, culturales y educativos que les impide tener acceso a métodos de planificación familiar, en especial de anticoncepción, educación sexual, reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos para tener embarazos deseados en condiciones de seguridad y responsabilidad.

Si tomamos en cuenta que la falta de acceso a los servicios de salud es un factor indicativo de pobreza, la ruptura del círculo del desastre solo se podrá realizar con políticas nacionales orientadas a ese objetivo.14

Factores contribuyentes a la mortalidad materna

Son los que de manera indirecta contribuyen a la MM, como la medicina altamente tecnificada, de acceso restringido a la población en general por su costo o complejidad; el costo de los servicios, la dispersión de los núcleos poblacionales en las zonas rurales, el aislamiento de zonas marginales urbanas, el surgimiento de subculturas urbanas que incluyen elementos que impiden la integración a los servicios médicos, a los avances científicos, a los programas de prevención; la ausencia de servicios urbanos básicos, que pueden hacer precarias las condiciones de vida e impiden la comunicación y las condiciones de salubridad básicas: abasto de agua, vivienda, fuentes de energía, vialidad, seguridad; la falta de acceso o rechazo a la planificación familiar y a los métodos anticonceptivos, incluyendo la anticoncepción de emergencia, con la consecuente existencia de embarazos no planeados, especialmente en adolescentes, en quienes resalta la falta de educación sexual.

Todas los factores anteriores constituyen un abanico de posibilidades que conforman el perfil de riesgo.15

 

Perfil de riesgo para MM

Hace algunos años, este perfil de riesgo describía a mujeres con edad de 30 a 35 años, multíparas o gran multíparas (más de 5 gestaciones), casadas o en unión libre, analfabetas, habitantes del ámbito rural donde no se cuentan con servicios sanitarios. Actualmente refiere a mujeres de 17 a 29 años, primigesta, con embarazo no planeado, baja escolaridad, residentes de ámbito urbano o suburbano sin servicios básicos o  nivel sanitario deficiente, sin acceso individual a servicios de salud, entre ellos la planificación sanitaria, con reticencia a la anticoncepción o desconocimiento de la anticoncepción de emergencia, procedentes de familia numerosa, sin vínculo matrimonial, cuya pareja masculina también es adolescente o joven, con bajo nivel escolar, sin empleo, con nulo o escaso conocimiento de anticoncepción, que mantiene en secreto la gestación en los primeros meses, hasta la evidencia física. Paradójicamente, si una mujer contaba con servicios médicos por parte del padre o la madre, al embarazarse pierde ese derecho y solo la condición de ser estudiante activa le hace beneficiaria de servicios médicos por parte del Estado. Ante un embarazo, la mujer y su pareja se convierten en una población vulnerable no considerada en la estructura de los servicios de salud.15

¿De qué se mueren la mujeres embarazadas?

Desde que se inició la atención médica de los partos son tres las causas principales de las muertes maternas: la hemorragia, la infección y la preeclampsia-eclampsia, seguidas por la distocia (parto obstruido, en cualquiera de sus variedades (con menor frecuencia gracias a la realización de la operación cesárea). En las dos primeras se incluyen los casos derivados del aborto provocado o inseguro.

La hemorragia y la infección se relacionan con una intervención tardía e insegura, manejo no definitivo, falta de recursos, falta de experiencia, burocratismo excesivo, ausencia de normas de manejo, falta de supervisión, equipos médico-quirúrgicos deficientes, falta de cooperación de la paciente, reticencia de la familia o la sociedad.16

La preeclampsia-eclampsia o enfermedad vascular del embarazo, como ahora se denomina, traduce la falta de control prenatal en cualquiera de sus condicionantes. Un factor definitivo es la colaboración de la paciente, su pareja y la existencia de vínculos interpersonales que favorezcan el acceso a la atención médica, así como la influencia de los padres de ambos cónyuges para aceptar la evolución de la gestación.

Dado que se aún no se conoce la etiología de esta patología, el control de la evolución del embarazo, las condiciones previas de salud de la madre y el manejo del parto y puerperio son factores definitorios para la vida de la mujer.

Las enfermedades concomitantes como la diabetes, la nefropatía, las neoplasias y la tromboembolia, entre otras, constituyen un riesgo asociado, pero no siempre definitivo en la evolución del embarazo, dado los actuales avances en el conocimiento médico.14

El embarazo asociado con accidentes o intentos suicidas queda incluido en los indicadores generales de la población en las edades respectivas, sin dejar de reconocer que la depresión posparto o posaborto, las enfermedades mentales desencadenadas alrededor de la gestación y los conflictos de pareja pueden llevar a episodios suicidas. En las mujeres de todas las edades puedan asociarse con las adicciones, un factor más de riesgo en el desarrollo del embarazo.15

¿Qué contribuye a la MM?

La maternidad sin riesgo es un asunto de derechos humanos.

El avance conceptual del papel de la mujer en la sociedad actual ha permitido trasladar el problema de la MM del ámbito puramente médico-profesional (en otras palabras, orgánico-biológico) al terreno de la responsabilidad social, por el reconocimiento de los factores contribuyentes como la injusticia social, la discriminación, la pobreza y la ausencia del reconocimiento de los derechos humanos.

Las convenciones realizadas a raíz del establecimiento de la Organización de las Naciones Unidas permitieron que en 1948 se emitiera la Declaración Universal de Derechos Humanos. Diversas estructuras internacionales promueven la protección de la mujer en el mundo,15 como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación en contra de la mujer (1979; 1981) y Convención sobre derechos del niño (1924; 1979; 1989), que posteriormente se extendió a los adolescentes.

Su finalidad ha sido convocar a los países a fijar sus objetivos para mejorar las circunstancias en las que vive o sobrevive la mujer, promoviendo sus derechos y desarrollo, lo que repercutirá en las condiciones de inicio, evolución y resolución del embarazo para evitar o reducir la MM.

La Organización Mundial de la Salud establece que “la muerte de una mujer durante el embarazo o el parto no solo es un problema de salud, sino también una cuestión de injusticia social”.

Se aceptan cuatro categorías de derechos humanos relacionados con la maternidad sin riesgos:16,17

 

  • Derechos relacionados con la vida, libertad y seguridad de la persona.
  • Derechos relacionados con el fundamento de la familia y de la vida familiar.
  • Derechos relacionados con la atención a la salud y los beneficios de los progresos científicos, con acceso a la información y educación medicina.
  • Derechos relacionados con la igualdad y la no discriminación.

 

Dentro de los que se establece a su vez:

 

  • La obligación de los gobiernos para asegurar el acceso a la atención a la salud adecuada durante el embarazo, parto y puerperio, al derecho de las mujeres a decidir cuándo van a tener hijos (tiempo y frecuencia), mediante estructuras económicas, jurídicas, sociales y de salud que aseguren los derechos fundamentales de la mujer.
  • La dotación de medios y las bases jurídicas gubernamentales que aseguren el acceso a los servicios de salud, para que las mujeres puedan crear una familia y disfrutar de una vida saludable.
  • La obligación de los gobiernos de favorecer la salud sexual y reproductiva, apoyar la maternidad sin riesgo, aplicar desde la atención primaria de la salud hasta los medios científicos-tecnológicos que apoyen la salud de la mujer, entre ellos cuales la planificación familiar, el aborto seguro y la educación sexual.
  • El acceso a la educación de las mujeres y la atención a la salud sin discriminación por estado civil, edad, nivel económico, asegurando la independencia, fortaleza y decisión de la mujeres fuera del control del varón; la protección de las mujeres adolescentes y jóvenes para decidir por sí mismas fuera de la autorización parental, haciendo hincapié sobre la asignación de recursos para atender las necesidades de las mujeres, favoreciendo la aplicación de las leyes y el ejercicio real de los derechos humanos.17

 

Los reportes en México parecen indicar la reducción paulatina y sostenida de la MM, pero a todas luces insuficiente para una nación donde aun cuando se tiene acceso a los avances científicos y tecnológicos, no se ha obtenido la modificación sustancial de este índice indicativo de la salud de una población y del grado como la visión médico-social impacta en la determinación de las políticas de Estado, no solo las de salud.16

Todo ello en el panorama de un país heterogéneo, donde el norte obtiene niveles cercanos a los países desarrollados, en contraste con los estados del sur que se asemejan a los subdesarrollados, además de un grupo de entidades que están geográfica y económicamente en una posición intermedia. La caída de la políticas de planificación familiar, el intercambio de la prioridad del cáncer cervicouterino por el cáncer de mama, la creencia de que México está insertado en el grupo de países desarrollados (por ser miembro de la OCDE) y el establecimiento de políticas de tendencia conservadora, ha hecho que en los últimos años se cuestionen los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, lo que ha dificultado la protección de la mujer en todos los órdenes.18

Consecuencia de lo anterior es el embarazo adolescente (en este grupo de mujeres la MM constituye la cuarta causa de muerte), la acentuación en los últimos 10 años de la marginación, la desigualdad y la pobreza.

El tema de la MM no está agotado en la agenda de salud de las naciones.14 El embarazo en la mujer no puede verse como un evento fisiológico libre de riesgo, ya que potencialmente es riesgoso en las mujeres de cualquier país.

En México, la normativa nacional en el ámbito federal y local otorga carácter prioritario a la prestación de servicios de salud materna en las instituciones del Sistema Nacional de Salud. Las obligaciones internacionales de derechos humanos contraídas por México comprometen al Estado a prevenir la muerte materna; sin embargo, los datos estadísticos no muestran una reducción notable en los últimos cinco años: tanto las principales causas como las entidades federativas con el mayor registro de casos han permanecido sin cambios. Esta situación es sin duda un reflejo de problemas estructurales que impiden a las mujeres un acceso efectivo a los servicios de salud materna.19

Asimismo, en México un gran número de mujeres que mueren por causas relacionadas con el embarazo, parto y puerperio pertenecen a comunidades indígenas o viven en condiciones de pobreza, por ejemplo, 33.4 % de las muertes maternas acontecidas entre 2004 y 2008 aconteció en mujeres que vivían en localidades de menos de 2500 habitantes, situación que aumenta la probabilidad de que no hayan contado con los medios necesarios para acceder de inmediato a la hospitalización.19

De 2007 a 2012 se continuó con el programa de acción específico Arranque parejo en la vida, que establece políticas encaminadas a orientar la prestación de los servicios de salud materna en todas las instituciones del país que forman parte del Sistema Nacional de Salud. Dicho programa impulsó la elaboración de planes estatales de acción de salud materna y perinatal durante este periodo, con el objetivo de reconocer las necesidades de las entidades en esta materia. Además, el 28 de mayo de 2009, el Poder Ejecutivo federal presentó la Estrategia integral para acelerar la reducción de la mortalidad materna que incluye, entre otras medidas, la atención universal gratuita de las complicaciones del embarazo, parto y puerperio en cualquier institución del sector salud, independientemente de si la mujer es derechohabiente o no (Convenio interinstitucional para la atención de emergencias obstétricas). A partir de ese año se inició una estrategia focalizada que busca reducir la muerte materna entre 7 y 14 %.

Si bien el programa plantea un conjunto de acciones de incidencia que abarcan desde la mejora en la infraestructura de los servicios de salud materna hasta la coordinación nacional para el registro estadístico de los casos de muerte materna, los porcentajes de reducción de muerte materna son inferiores a los establecidos en la meta nacional. Además, la vigencia de los programas es de carácter sexenal, por lo que su continuidad depende de la importancia que cada gobierno otorga a la problemática.19

Marco normativo

En la Ley general de salud se establecen diversas acciones encaminadas a identificar y erradicar los factores de riesgo para la salud de las mujeres embarazadas y fortalecer medidas para mejorar el acceso y la calidad de la atención del embarazo, parto y puerperio, tales como la capacitación de parteras tradicionales en la atención obstétrica, la participación de la sociedad civil y el sector privado mediante la creación de redes de apoyo a la salud materna, “la vigilancia de actividades ocupacionales que puedan poner en peligro la salud física y mental de los menores y de las mujeres embarazadas” y la creación de comités de prevención de la mortalidad materna e infantil. Lo anterior a efecto de “conocer, sistematizar y evaluar el problema y adoptar las medidas conducentes”.

La Norma oficial mexicana NOM-007-SSA2-1993, atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio y del recién nacido establece la obligación de las unidades médicas de registrar el número de atenciones médicas a mujeres embarazadas, durante el parto y puerperio, así como la notificación oportuna de los casos de muerte materna. La información debe ser concentrada por el personal responsable de la estadística de la unidad y de la institución para remitirla a la Secretaría de Salud con el propósito de alimentar el Sistema Nacional de Información en Salud.

Esta norma es de cumplimiento obligatorio para todo el personal de salud que atiende a mujeres embarazadas en las unidades del sector público, social y privado a nivel nacional.20

Conclusiones

La mortalidad materna prevenible es una violación a los derechos humanos, a la vida, a la integridad personal, a la salud (incluida la salud reproductiva), a la autonomía reproductiva, a la vida privada, a la igualdad, a la no discriminación, a decidir sobre el número y espaciamiento de los hijos o hijas, a no ser sometida a torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes; a la educación, a la información y al goce de los beneficios del progreso.

Sin duda, los comités de mortalidad materna son un mecanismo fundamental en el andamiaje para monitorear las políticas y programas en materia de salud materna, sin embargo, las recomendaciones que emiten no son de cumplimiento obligatorio y no se les da seguimiento.

En materia de acceso a la justicia, aunque en la ley existen mecanismos de carácter civil, administrativo y penal para que los familiares de las víctimas de muerte materna prevenible puedan obtener un recurso efectivo, en la práctica no es así́. El sistema de quejas administrativas en los hospitales parece no ser accesible, aunque se trate del recurso más inmediato para los familiares. Las instancias del Sistema Nacional de Salud no monitorean las quejas ni les dan seguimiento y la normatividad establece que cada institución de salud puede organizar su sistema de quejas, sin identificar los criterios que deben regirlos.

Recomendaciones

  • La MM debe verse como un problema médico-social y enfrentarlo de manera integral, con todos los factores económicos, sociales, culturales, jurídicos, políticos y de salud que priven en un Estado determinado.
  • La MM debe ligarse a la vigencia de los derechos humanos y, en especial, a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, a su aceptación, vigencia, aplicación y responsabilidad del Estado.
  • La política general del Estado repercute en la MM, sobre todo el apoyo a la planificación familiar, el respeto a los adolescentes y los derechos de los niños y jóvenes, así como el apoyo al mejoramiento del estado nutricional y el acceso a la atención a la salud.
  • La MM está relacionada con el grado de desarrollo de un país.
  • Debe buscarse la atención calificada del parto.
  • Es necesario contar con medios para la atención obstétrica de emergencia, en virtud de que no es suficiente la atención prenatal.
  • Es necesaria la capacitación del personal de salud, el acceso a los servicios, la incorporación de los avances científicos y tecnológicos; la formación y la sensibilización de los integrantes del equipo de salud a nivel de pre y posgrado en los servicios de salud.
  • Es indispensable el reconocimiento racional de las condiciones de la atención obstétrica calificada en todos los ámbitos del país, así como la aceptación de los indicadores de procesos para monitorear, evaluar y toma de decisiones sobre MM (porcentaje de partos atendidos, personal capacitado, número de establecimientos de salud, existencia de atención obstétrica de emergencia, porcentaje de complicaciones obstétricas, porcentaje de operación cesárea, tasas de letalidad)
  • Es favorecedor que la comunidad acepte los servicios de salud.
  • El Estado debe asumir el compromiso con la agenda de la salud, en especial con la salud materno-infantil.
  • La sociedad y sus organizaciones deben participar en la salud de la mujer.
  • Es importante favorecer la función de los comités de mortalidad materna en todos los niveles, otorgarles un nivel ejecutivo para la transformación del proceso de atención a la mujer y su hijo, para que se corrijan errores.

Referencias

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