Alimentación del niño en los primeros 1,000 días de vida

Karely Noemy Torres Duarte

Maestra en nutrición y dietética con especialización en alimentación y actividad física en la infancia. Ciudad de México, México.

Importancia de los primeros 1,000 días de vida

El desarrollo de un ser humano es un proceso multidimensional, donde el progreso de un dominio actúa como catalizador para el desarrollo de otras áreas.1 Los primeros 1,000 días de vida, que incluyen los 270 días de la gestación, los 365 días del primer año y los 365 días del segundo, son un período vulnerable en el desarrollo humano.2

Esta etapa en la vida es tanto una ventana de vulnerabilidad como de oportunidad, por el rápido crecimiento y desarrollo, los altos requerimientos nutricionales; por mayor susceptibilidad a las infecciones, alta sensibilidad a los efectos de programación y plena dependencia de otros para el cuidado, la nutrición y la interacción social.2

Los primeros 1,000 días de vida son también un período de alta sensibilidad a los efectos de programación de factores externos, como el entorno fisiológico materno en el útero, la leche materna y la dieta.3 Durante la vida temprana, la falta de nutrimentos clave, como los aminoácidos esenciales, los ácidos grasos esenciales, el hierro y el yodo, tendrán consecuencias duraderas en la capacidad del aprendizaje, el comportamiento y la capacidad de regular emociones.2

El cerebro humano continúa desarrollándose y cambiando a lo largo de la vida, el periodo más rápido de crecimiento y el de mayor plasticidad es en el último trimestre del embarazo y los primeros dos años de vida, donde presenta tasas rápidas de proliferación neuronal, diferenciación, mielinización y sinaptogénesis. Por lo tanto, este periodo alberga la mayor oportunidad de proporcionar una nutrición óptima, pero también el momento de más vulnerabilidad cerebral ante cualquier déficit de nutrimentos.4

Ciertos nutrimentos, como las proteínas, los ácidos grasos poliinsaturados, el hierro, el zinc, el cobre, el yodo, la colina, el folato y las vitaminas A, B6 y B12, son particularmente críticos para el desarrollo correcto del cerebro. De estos, el hierro ejemplifica la necesidad de una nutrición adecuada para garantizar el pleno potencial de desarrollo.4

La deficiencia de hierro es la más común en el mundo, se estima que 47 % (293 millones) de todos los niños en edad preescolar y 42 % (56 millones) de todas las mujeres embarazadas tienen anemia, y aproximadamente la mitad es atribuible a la deficiencia de hierro.5 En una revisión reciente, 19 de 21 estudios informaron deterioro del funcionamiento mental, motor, socioemocional o neurofisiológico en lactantes con anemia por deficiencia de hierro en comparación con lactantes sin anemia.6

Las intervenciones específicas de la nutrición, en momentos críticos de la vida, pueden tener un impacto dramático en la reducción de la malnutrición a nivel mundial.7 Aunque las actividades de reducción del retraso en el crecimiento generalmente se dirigen a niños menores de 5 años, una gran proporción de los déficits se acumulan en los primeros 1,000 días. 8,9

El concepto los primeros 1,000 días surge con base en evidencia científica como una estrategia de salud pública a ser implementada.1 Los programas para las intervenciones van dirigidos a tres áreas, salud, nutrición y estimulación. La implementación de acciones preventivas en este periodo se traduce en mayores posibilidades de tener una vida saludable y productiva en el futuro, fortaleciendo lazos familiares y rompiendo el ciclo de la pobreza intergeneracional. 10

Las intervenciones basadas en el conocimiento de estas ventanas críticas tienen el potencial de ejercer un profundo impacto global, ya que se ha estimado que la corrección de los déficits nutricionales durante los primeros 1,000 días de vida, por sí sola, tiene el poder de aumentar el cociente de inteligencia mundial en 10 puntos.11

Etapa gestacional

La nutrición fetal depende en gran medida del estado de nutrición materna desde la etapa preconcepcional; de ahí la importancia de una adecuada nutrición en mujeres desde el inicio de la edad fértil.10 Lograr un estado materno preconcepcional saludable optimizará las intervenciones nutricionales durante los primeros 1,000 días de vida.2,7,12

Una alimentación saludable durante el embarazo es aquella que contiene una cantidad adecuada de energía, proteínas, vitaminas y minerales obtenidos mediante el consumo de diversos alimentos, entre ellos verduras, hortalizas, carne, pescado, legumbres, frutos secos, cereales integrales y fruta.13

La suplementación con hierro durante el embarazo ha demostrado ser una estrategia para impedir el deterioro del neurodesarrollo. En un estudio reciente en China, los niños nacidos de madres con anemia por deficiencia de hierro en el último embarazo tenían una puntuación del índice de desarrollo mental significativamente menor que los hijos de madres que no tenían deficiencia de hierro a los 12, 18 y 24 meses de edad.14

De manera similar, en Nepal, los suplementos diarios de hierro/ácido fólico que comenzaron a principios del embarazo dieron como resultado puntuaciones significativamente mejores en memoria de trabajo, control inhibitorio y funcionamiento motor fino en niños de 7 a 9 años de edad.15

Para prevenir la anemia materna, la sepsis puerperal, el bajo peso al nacer y el nacimiento prematuro, se recomienda que las embarazadas tomen un suplemento de hierro diario vía oral, entre 30 y 60 mg de hierro elemental (el equivalente a 60 mg de hierro elemental son 300 mg de sulfato ferroso heptahidratado, 180 mg de fumarato ferroso o 500 mg de gluconato ferroso) y 400 μg (0,4 mg) de ácido fólico.13

También la OMS recomienda la suplementación de calcio en las mujeres embarazadas y particularmente las que presentan un alto riesgo de hipertensión gestacional. La dosis recomendada es de 1.5 – 2.0 g de calcio elemental/día (1 g de calcio elemental equivale a 2.5 g de carbonato de calcio o 4 g de citrato de calcio). Se recomienda el consumo diario, siendo la dosis dividida en tres de preferencia tomado a la hora de las comidas.16

Los primeros meses de vida

La OMS recomienda el inicio temprano de lactancia (es decir, en la primera hora de vida), ya que puede reducir la mortalidad neonatal hasta un 22 %.17 De la misma manera, recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida, para lograr un crecimiento, desarrollo y salud óptimos.

Además de los beneficios inmediatos para los niños, la lactancia materna propicia una buena salud durante toda la vida. Ya que se ha demostrado que los adolescentes y adultos que fueron amamantados de niños tienen menos tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad, son menos propensos a sufrir diabetes tipo 2 y obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia.18

Indudablemente la leche materna será el estándar de oro para alimentación de los lactantes durante los primeros 6 meses de vida.

Alimentación complementaria

A los seis meses de vida, los lactantes deben seguir siendo amamantados e iniciar alimentos complementarios seguros y nutricionalmente adecuados para atender sus crecientes requerimientos nutricionales.18 La alimentación complementaria debe aportar una cantidad adecuada de hierro, ya que a los 6 meses de vida las reservas endógenas se habrán agotado y la necesidad de hierro exógeno aumentará rápidamente.19

En la actualidad no existe una evidencia científica a favor de una secuencia particular de introducción de los alimentos complementarios, sin embargo, debido a las necesidades nutricionales de esta etapa, los alimentos fuente de hierro y zinc, como las carnes, y los fortificados son la mejor elección para iniciar este proceso.20 Se recomienda que inicien con alimentos sin azúcar o sal añadida.19,20

En relación con la cantidad de alimentos, es muy importante cuidar la proporción que reciben de leche materna o fórmula infantil y su relación con la cantidad de alimentos sólidos, siendo lo recomendado para los lactantes de 6 a 8 meses un 40 % (130 a 200 kcal), de 9 a 11 meses un 53 % (300-310 kcal) y de 12 a 24 meses un 64 % (580 kcal) de alimentos complementarios.20

La cantidad calórica total, incluyendo la lactancia materna o fórmula infantil, es de gran importancia, se recomienda para el consumo de lípidos de 40 a 60 % del sexto al octavo mes, debido a la cantidad calórica contenida en la leche materna. Posteriormente, esta cantidad disminuirá progresivamente al 35 % de lípidos, por la disminución proporcional del consumo de leche.20

De manera contraria, la recomendación para proteínas inicia con 6 % entre los 6 y 8 meses de edad, incrementándose hasta de 10 a 14 % de los 12 a los 24 meses; es muy importante recomendar que el consumo de proteínas siempre sea menor del 14 % en relación con el consumo calórico total de la dieta.20

Es de gran importancia saber que en la actualidad los alimentos potencialmente alergénicos como el huevo, el gluten o el pescado no deben retrasarse, se recomienda iniciar su consumo desde los 6 meses de vida.19,20 Recordando que de manera práctica es necesario introducir un nuevo alimento a la dieta por 2 o 3 días continuos para observar la tolerancia.20

Por último, es necesario resaltar que actualmente no existe evidencia suficiente para determinar un método específico en la alimentación de lactantes, por lo tanto, se podrá alimentar mediante el uso de la cuchara o mediante la autoalimentación (con las manos).19

Referencias

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Alimentación del niño en los primeros 1,000 días de vida [Internet]. Recuperado de: https://www.asieslamedicina.org.mx/capitulo-2-alimentacion-del-nino-en-los-primeros-1000-dias-de-vida/